Bancos de Tiempo, una nueva red interactiva: “EL TIEMPO COMO MONEDA” (2014)

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Cartel promocional del film.

Un texto de Docs & the World y Banc del Temps del Berguedà.

El individualismo neoliberal está ya moribundo. Librará sus últimas y violentas batallas, pero no puede ofrecer nada más a quienes no pertenecen al círculo del famoso 1% de los más ricos y de sus colaboradores y sirvientes. Queda por ver si la civilización tal como la conocemos desaparecerá con él -hay varias posibilidades sobrecogedoras de que así sea en un futuro no muy cercano- o si la humanidad será capaz de crear nuevas relaciones sociales, económicas y ecológicas. Ya hay millones de personas en todo el mundo que construyen nuevas modalidades de existencia colectiva, basadas en la cooperación y no en la competencia. Algunas de estas iniciativas son incompatibles con la economía monetaria, otras son complementarias y pueden coexistir con ella. Entre estas segundas, una de las más estimulantes son los Bancos de Tiempo, de los que se ocupa el presente film.

Compuesto a partir de entrevistas a participantes en bancos del tiempo, El tiempo como moneda muestra las claves ideológicas y operativas de estas asociaciones locales. Se trata de grupos de personas que se organizan para intercambiar servicios -pueden ir desde remendar ropa hasta cuidar un jardín, cocinar o enseñar informática- prescindiendo del dinero, dando y recibiendo tiempo como unidad de intercambio. Quien ofrece un servicio a otro consigue un saldo positivo de horas -2, 5 o las que haya dedicado a la actividad-, y la persona que recibe un servicio obtiene un saldo negativo de horas; la proporción entre las horas positivas y las negativas da el saldo total de cada participante.

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Los Bancos de Tiempo son una adaptación moderna del antiguo principio de que la comunidad debe ayudar a sus miembros individuales, como cuando todos se ponían manos a la obra para construir un granero.

Varios aspectos de este sistema cooperativo son subrayados y matizados por los participantes entrevistados. Los intercambios no son directos, sino que se integran en la dinámica global de cada Banco del Tiempo: si Pedro ofrece un servicio de 4 horas a Marta, Marta no tiene por qué ofrecer necesariamente un servicio a Pedro, sino que se lo puede dar a Gabriel, y Gabriel a Iris, Iris a Pedro y a Ana… La idea, pues, no es establecer un sistema de intercambio de uno a uno, sino crear una comunidad, una red asistencial, una sinergia en la que los participantes se integran y que termina por ser superior a la simple suma de las partes.

Otro aspecto destacado es que las horas de todos valen lo mismo, sean las de un médico, las de un soldador, las de un traductor o las de un cuidador de personas ancianas. Todos dan y reciben el tiempo en sus intervenciones, sin diferencias ni jerarquizaciones: la aportación de todos se valora por igual.

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Cualquier actividad y tarea se presta a la cooperación, y todo el mundo posee alguna capacidad que puede resultar beneficiosa para los demás. Los Bancos de Tiempo se basan en este potencial, que no puede transformarse en capital monetario.

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De las explicaciones de los diversos participantes sobre este nuevo modo de relacionarse con los demás a través de la acción se desprenden varias conclusiones:

La esencia de los Bancos de Tiempo, aun más que en ofrecer servicios a sus integrantes, consiste en crear comunidad. En salir del doloroso individualismo en que el capitalismo ha encerrado a las personas y en tejer una red de seres interconectados. Esta comunidad se construye no a través de la ideología, sino de la acción directa, de acciones concretas.

Los Bancos de Tiempo eliminan el sistema de exclusión característico del capitalismo. Nadie queda marginado. Nadie es declarado inútil. Cualquiera posee alguna capacidad propia que puede resultar necesaria, o al menos útil, para otro. La nueva manera de relacionarse es integradora porque no obedece a parámetros económicos exclusivos -que solo admiten a los individuos adaptados a sus estrechos y limitadores requisitos-, sino que responde a necesidades y aspiraciones de personas reales y vivas.

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Edgar S. Cahn, creador en 1995 de los Bancos de Tiempo en Estados Unidos. Este doctor en Derecho, antiguo colaborador de Robert F. Kennedy, sintió la necesidad de crear organizaciones de cooperación que originaran redes y comunidades interpersonales inclusivas, valorizadoras de las personas.

La implicación en los Bancos de Tiempo es revitalizadora. Permite a los participantes salir de las estructuras jerárquicas verticales del mundo laboral convencional, en el que todos están supeditados a otro y deben su categoría a la posición que ocupan en el escalafón, y entrar en otro tipo de relaciones sociales y personales, en las que son valiosos y necesarios y respetados. Personas a las que la economía capitalista había declarado inútiles, prescindibles y una carga para la sociedad, porque las había dejado sin empleo, se convierten en miembros activos y positivos de una comunidad dinámica. Y todos los que decididen integrarse en un Banco de Tiempo terminan por descubrir que pueden ofrecer a los demás servicios que ni se les habían ocurrido, porque poseen capacidades que no sospechaban, puesto que el sistema económico ni las solicitaba ni las valoraba. En la economía capitalista, un fontanero, un carpintero, un albañil, un médico, un informático o un traductor no son más que, por un lado, individuos que venden las habilidades de sus respectivos oficios a cambio de dinero y, por el otro, consumidores; en el Banco de Tiempo cada persona puede ser lo que desee, siempre que resulte positivo para los demás.

Personas a las que la economía capitalista había declarado inútiles, prescindibles y una carga para la sociedad, porque las había dejado sin empleo, se convierten en miembros activos y positivos de una comunidad dinámica.

Los intercambios en los Bancos de Tiempo son horizontales, multidireccionales y dinámicos, a diferencia de los sistemas de caridad o asistenciales administrativos, que mantienen las relaciones verticales, estáticas, unidireccionales y de dependencia (hay alguien que ayuda desde arriba y alguien que es ayudado, sin que los papeles se intercambien nunca).

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Los programas informáticos facilitan mucho el funcionamento de los Bancos de Tiempo.

Nadie que se considere mejor que los otros, o que sencillamente se priorice a sí mismo de modo arbitrario, puede participar en un Banco de Tiempo. Para integrarse es preciso haber llevado a cabo cierta reflexión acerca de la propia posición en relación con los demás y con la comunidad.

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Imágenes características de una economía explotadora y exclusiva.

Se recupera el sentimiento de agradecimiento por lo que hacen los otros. En las relaciones económicas convencionales, se compran bienes y servicios con dinero, según una escala de precios estipulada e impersonal en la que el factor humano interviene poco. En los intercambios entre los participantes en Bancos de Tiempo cada cual ofrece voluntariamente una capacidad, unos conocimientos propios a otro, que los valora en una acción libre, ética al cabo.

El intercambio resulta gratificador des del primer momento. A diferencia de la mayoría de actividades económicas, en las que siempre hay que estar pendiente del número de ventas, de usuarios, de consumidores, etc. -es decir, de resultados objetivos para alcanzar buenas cotas de rentabilidad y otras metas-, los Bancos de Tiempo funcionan bien ya con pocos participantes. Como su funcionamiento es positivo para todos, el mero hecho de pertenecer a él ya ofrece una recompensa ética y vital. No es necesario estar contando a los participantes: los que hay en cada momento ya forman un grupo valioso, sean los que sean. Si además el Banco de Tiempo local va creciendo, las posibilidades de interrelaciḉon aumentan proporcionalmente. Y como cada participante ofrece lo mejor que tiene, el ánimo de todos es positivo, vital. Por eso la relación entre las personas es de confianza, y predomina el buen humor. La gente prefiere organizar encuentros comunitarios alegres, como una comida colectiva, antes que serias reuniones para tratar el orden del día.

En suma, en la construcción de comunidades locales, arraigadas en lugares concretos, entre sujetos que dejan de ser anónimos y desconocidos entre sí para convertirse en personas reales y conocidas que realizan acciones éticas en el contexto de una red conectiva de responsabilidad mutua compartida, los participantes construyen confianza: confianza en los demás, en uno mismo, en el presente y hasta en el futuro. La confianza de la acción reflexiva desplaza a la esperanza de la pasividad asustada y castigada. Es precisamente la confianza lo que ha permitido hacer este documental mediante el sistema colaborativo de prestación de servicios propio de los Bancos de Tiempo, sin el habitual presupuesto económico previo.

Desde luego, El tiempo como moneda es un film muy optimista, que pone de relieve las características positivas de los Bancos y no se detiene en los aspectos problemáticos que inevitablemente, en tanto que asociaciones de individuos humanos, tienen que presentar. Así, habría que confirmar si se cumple el objetivo de la perfecta igualdad entre los participantes, o si las diferencias culturales o de capacidades introducen ciertas desigualdades. No queda del todo claro -tal vez porque no tiene por qué ser así- si los Bancos están concebidos como alternativa a la economía monetaria o bien son un complemento a esta, que llena algunas lagunas o espacios desatendidos -servicios a particulares, a personas con movilidad reducida, ocio, etc.-, pero que no alteran lo sustancial del sistema. Quizá cada Banco tiene un enfoque particular, y los hay que cubren espectros de actividades más amplios que otros.

En cualquier caso, hay que ver El tiempo como moneda para conocer en la voz de los propios participantes las muchas experiencias vitalizadoras y empoderadoras creadas por este sistema de interrelación entre personas. Después de ver el documental, probablemente desearéis apuntaros al Banco de Tiempo de vuestra zona, y si no hay ninguno, crear uno nuevo. Como todo lo relacionado con este inteligente sistema, es gratuito y sale muy a cuenta.

Web de la Asociación para el Desarrollo de los Bancos de Tiempo: www.adbdt.org

Solicitudes para proyectar El tiempo como moneda (Bancos de Tiempo y otras entidades): http://adbdt.org/contacta/

Web Bancos de Tiempo: http://www.bdtonline.org/

FICHA

Directora: Lenore Eklund
País: Estados Unidos
Lengua original: Inglés
Duración: 71 minutos
Web: http://thisasthat.wixsite.com/timeasmoneythemovie
Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=ud5HVh500J0

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