Racismo en Estados Unidos: “BLOOD IN THE FACE” (1991)

“Esta es una de las noches más emocionantes de mi vida ->no se equivoquen, ¡nuestra gente ha tenido un papel ENORME en la elección de Trump!” Este tweet alborozado fue enviado por David Duke, ex líder del Ku Klux Klan, justo después de la victoria de Trump. No está claro si “nuestra gente” se refiere solo a los miembros del Ku Klux Klan o, en un sentido más general, a todos los estadounidenses racistas, xenófobos y sexistas. En cualquier caso, implica a todos los partidarios del “supremacismo blanco”, gente que, por algún motivo, cree que el taxón biológico normalmente llamado “blanco” posee algún tipo de superioridad -física, intelectual, moral, cultural- sobre los demás. Blood in the Face, un documental de 1991, registra un encuentro de algunos de estos norteamericanos deseosos de compartir algunas de sus supuestas ideas sobre la “raza”, la supremacía y los Estados Unidos. Es un film desagradable debido a su tema y a la gente que en él aparece, pero por desgracia hay que verlo en estos tristes tiemposde odio, violencia y frustración liberados. Ciertamente, este documental fue estrenado hace un cuarto de siglo, por lo que no cabe considerarlo una primicia. Pero el racismo no se transforma ni actualiza. En su miseria moral e intelectual permanece inalterado. Lo único que ha cambiado desde 1991 es que sus concepciones delirantes están dejando de ser marginales y se acercan alarmantemente a los centros de poder.

A finales de los años 80  los tres directores de este documental llevaron a cabo una amplia investigación sobre grupos racistas norteamericanos para descubrir qué tenían en la cabeza y qué influencia ejercían sus ideas. Los principales grupos que encontraron fueron el famoso Ku Klux Klan y los no tan célebres Aryan Nations y American Nazi Party. Los tres comparten la convicción de que los blancos son superiores a los demás grupos étnicos, y que están sufriendo el ataque de las “razas” inferiores, que quieren apoderarse del mundo y en especial de los Estados Unidos. Por eso estos combatientes han asumido la tarea no solo de defender a la estirpe blanca, sino de contraatacar y castigar a los negros, los hispanos, los asiáticos, los judíos y, en general, a todos los que puedan actuar como blancos de su odio. El film muestra también a miembros de otros grupos más minoritarios y marginales, con nombres tan sugestivos como White Patriot Party from North Carolina y Christian Identity, pero sus ideologías son muy parecidas y no requieren ningún comentario particular.

Blood in the Face se centra en el “congreso” que miembros de estos grupos celebraron en el Michigan rural en 1986. ¿Qué hará esta gente cuando se reúne? Pues, como cabía esperar, pronunciar discursos agresivos sobre la hegemonía blanca, las culturas inferiores y despreciadas, la necesidad de proteger a los mejores frente a los inferiores envidiosos y malformados, al país frente a los bárbaros y a la raza frente a la contaminación de fondos genéticos degenerados, etc.

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Cuatro de los participantes en el congreso de Michigan de 1986.

Ni que decir tiene que sus afirmaciones carecen de cualquier fundamento científico y que se permiten todo tipo de falacias históricas, como sostener que los blancos son los habitantes originales de América (el continente fue habitado durante siglos por los pueblos nativos americanos, los mal llamados indios) o negar el Holocausto. Entre los diferentes discursos, exhiben banderas, esvásticas, armamento y ropa de aspecto sádico. Por la noche, algunos se enfundan los atuendos del Ku Klux Khan, desfilan con antorchas y admiran una cruz ardiendo. Todo lo cual, por supuesto, es ridículo, un síntoma claro de problemas profundos no resueltos que requieren un tratamiento psicoanalítico, pero al mismo tiempo es un aviso de lo que podría suceder si esta gente estuviera próxima al poder. Y ahora, en 2016, lo está.

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Escenificación de miembros del KKK.

Los directores les permiten hablar libremente ante la cámara, sin interrumpirles. El gran realizador norteamericano Errol Morris sostiene la teoría de que si se le deja a alguien hablar sin tapujos ante una cámara durante solo dos minutos sin molestarle, se puede averiguar fácilmente su grado de locura. Este film demuestra la teoría. Están locos de atar, neuróticos, paranoicos. Tratan de compensar complejos de inferioridad -probablemente de carácter sexual y de marginación social, pero a saber qué más- con ideologías de odio y violencia.

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Un joven Michael Moore aparece como entrevistador en el film. Aquí trata de convencer a una joven fanática para que haga algo mejor con su vida.

El film registra la lamentable existencia de estas organizaciones, lo cual es un servicio para la sociedad. Pero deja al espectador privado de información de fondo sobre ellas: dónde surgieron, dónde poseen más fuerza, qué conexiones tienen con los partidos políticos. Tal información resultaría más útil que ir mostrando una retahíla de gente trastornada repitiendo las mismas tonterías. Algún tipo de contexto mediante voz en off podría haber ayudado a entender el carácter y el desarrollo de estos grupos enfermos.

Una de las críticas que ha recibido este documental es que en su montaje paralelo aparecen con demasiada brevedad los diversos participantes, que apenas alcanzan los dos minutos de los que hablaba Morris, y que este planteamiento reduce sus declaraciones a eslóganes. Pero resulta muy dudoso que sean capaces de construir un razonamiento articulado, más allá de repetir una y otra vez los mismos tópicos racistas. No dan la impresión de poder concebir ningún tipo de argumentación continuada. Algunos críticos dicen que parece que los directores hayan seleccionado a los miembros más lerdos de sus grupos. ¿De veras?

Otra crítica fue que -por la falta de argumentaciones, debida bien al planteamiento de los directores o a las limitaciones de los participantes- el espectador no puede percibir el grado de heterogeneidad que haya entre estos grupos de odio. Pero se diría que la única diferencia entre los tres principales -KKK, nazis y arios- son los recipientes de su arraigado resentimiento.

Sí que hay algo de contexto histórico en algunas imágenes de archivo en las que aparecen, sobre todo, George Lincoln Rockwell, fundador del Partido Nazi Estadounidense, y algún otro portavoz del supremacismo blanco. Pero estas imágenes no forman una narración coherente, no proporcionan una historia clara de las ideas racistas y de extrema derecha en Estados Unidos.

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George Lincoln Rockwell, fundador del Partido Nazi Estadounidense.

Por ello, uno no está muy seguro de cuál es el objetivo del film. Si es recordarnos que la extrema derecha existe y es capaz de todo siempre que sea lo bastante estúpido, desagradable y violento, lo consigue. Si es mostrarnos la falta de inteligencia, integridad y solidez mental de esta gente, también lo consigue: la contemplamos con una mezcla de sobrecogimiento y desprecio. Si la idea era ofrecer una imagen general de la extrema derecha estadounidense, no lo consigue tanto, porque todo resulta demasiado fragmentario, sin que llegue a amalgamarse.

En todo caso, es muy válido como registro del racismo norteamericano, que hoy vive un momento de auge. Negros desarmados han muerto por disparos de policías blancos en Luisiana, Minnesota y otros lugares. Un movimiento llamado Black Lives Matter (“Las vidas negras importan”) surgió en 2013 para protestar contra el creciente racismo no solo en la policía norteamericana, sino en la sociedad en conjunto. No es, de ningún modo, un movimiento injustificado. La lucha por los derechos civiles vuelve a ser necesaria, y todo indica que se está yendo a peor. El odio aumenta. Hoy, la extrema derecha norteamericana se llama “alt right”(alternative right), pero es el mismo montón de basura con un nuevo envoltorio. Steve Bannon, uno de sus portavoces, será el principal estratega de la primera potencia mundial.

FICHA

Directores: Anne Bohlen, Kevin Rafferty y James Ridgeway
País: Estado Unidos
Lengua original: Inglés
Localizaciones: Michigan rural
Duración: 78 minutos
Film completo (en inglés): https://www.youtube.com/watch?v=gQtNtg1XeDs

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