LIFE AND DEBT (“VIDA Y DEUDA”) (2001): Cómo el FMI, el Banco Mundial y Estados Unidos destruyen un país

life & debt 1
Cartel promocional de la película

Life and debt es un excelente documental que muestra los efectos devastadores de la globalización capitalista en la vida humana y natural de Jamaica. Como en tantos otros países, una mala situación económica empujó al gobierno a solicitar un préstamo al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial (BM), lo que, como la experiencia ha demostrado repetidamente, es salir del fuego para caer en las brasas, o aplicar un remedio peor que la enfermedad. Es pasar de la necesidad económica a la esclavitud. Las instituciones financieras internacionales (el FMI, el BM, la rama de este llamada cínicamente Banco Interamericano de Desarrollo), las compañías multinacionales y el gobierno de Estados Unidos se conjuran para abalanzarse como una bandada de buitres sobre la herida abierta de Jamaica, y la rapiña deja un cadáver colectivo compuesto de innumerables cuerpos: los habitantes de esta pequeña isla caribeña.

Life and debt refleja las dificultades extremas que sufren los jamaicanos para sobrevivir en condiciones de enorme precariedad. Su vida individual y comunitaria no depende de las decisiones que puedan tomar personal o colectivamente: sus actividades se encuentran supeditadas a medidas económicas adoptadas en lujosos despachos remotos, por gente que, probablemente, no ha puesto jamás un pie en la isla, y para la que Jamaica forma parte de una realidad virtual que solo existe para enriquecerse ilimitadamente. Como si de un videojuego se tratara.

Life and debt refleja las dificultades extremas que sufren los jamaicanos para sobrevivir en condiciones de enorme precariedad.

El contenido de la película es tan duro e indignante que, para que sus ochenta minutos resultaran soportables, la directora tenía que encontrar alguna estrategia narrativa que le permitiera presentar lo impresentable. La encontró, y acertó plenamente en su elección. Si bien utiliza recursos típicos del documental tradicional, con muchas entrevistas, los combina con dos mecanismos muy originales: por una parte, sigue la estancia en la isla de un grupo de turistas norteamericanos, de vacaciones en un circuito de hoteles de lujo y de paisajes idílicos que se contrapone con la dura realidad de los autóctonos; por otra parte, hay unos fragmentos escenificados de tres jamaicanos sentados alrededor de una hoguera, que conversan sobre la situación de su país y sobre las circunstancias que les han llevado a ella. Los tres hilos argumentales -las entrevistas tradicionales, el tour de los turistas y las conversaciones de los tres jamaicanos- se entrelazan con mano experta para mostrar una visión de conjunto del estado de la isla. El documental se completa con una narración en voz en off -leída por la escritora Jamaica Kincaid, adaptando su libro A Small Place– que a menudo recurre a la ironía (sobre todo cuando comenta la visita de los turistas) y con abundante música reggae que da “color local”, pero a cuyas letras conviene prestar atención, puesto que son de contenido político y comentario social: se trata de la canción de protesta jamaicana.

De las declaraciones de los participantes -sobre todo de Michael Manley, el ex primer ministro jamaicano que pidió la “ayuda”- podemos concluir que los préstamos internacionales, las políticas de “ajuste estructural” y los principios de libre comercio son un engaño global para convertir a los países en sirvientes secuestrados y practicar todo tipo de extorsiones con impunidad. Hoy, Jamaica debe a las instituciones anteriormente mencionadas un fortuna exorbitante, y la cifra no cesa de crecer debido a los elevadísimos intereses de los préstamos. Quien conozca el funcionamiento habitual de estos préstamos no se sorprenderá al saber que, a pesar de la acumulación creciente de deuda, las supuestas mejoras económicas que se prometían no se han cumplido en absoluto: el “desarrollo” no ha desembarcado en la isla. Como siempre, el dinero del préstamo no llega a la sociedad y se queda en manos de unos pocos, mientras la gente humilde padece las consecuencias; no sólo pagando para enjugar la deuda, sino también sufriendo la aplicación de las reformas económicas estructurales que les dictan desde fuera del país.

Los préstamos internacionales, las políticas de “ajuste estructural” y los principios de libre comercio son un engaño global para convertir a los países en sirvientes secuestrados y practicar todo tipo de extorsiones con impunidad.

La narradora nos cuenta que, a medida que pasa el tiempo sin que se pueda pagar la deuda ni los intereses desbocados, las exigencias se vuelven más rigurosas en cada sucesiva negociación. Se devalúa la moneda nacional y por lo tanto se incrementa el precio de las divisas, aumentan los tipos de interés, se rebajan los sueldos con el argumento (mil veces refutado por la experiencia) de que esta medida incentivará la ocupación y la producción, se recorta el gasto social del gobierno (disminuyen cada vez más las prestaciones en sanidad y educación), se desvían recursos públicos hacia el sector privado… Como consecuencia de las medidas impuestas por los organismos internacionales y los Estados Unidos, la industria y la agricultura jamaicana han quedado destruidas y el país ha perdido la soberanía o capacidad de autogobierno; ahora debe obedecer lo que le ordenan aun cuando resulta evidente que las órdenes son perjudiciales para el propio país. Jamaica ha quedado convertida en un mercado para absorber productos norteamericanos y en una zona de mano de obra tan barata que puede llamarse esclavitud.

Stephanie Black nos ofrece un contundente análisis de los efectos de la globalización en los países que deberíamos dejar de llamar pobres para calificarlos, propiamente, de empobrecidos.

Life and debt muestra los efectos concretos que este saqueo tiene en las vidas de las personas reales, aquello que para las instituciones carece de importancia y resulta más bien prescindible. Aumento espectacular de la desocupación, de la corrupción en los puestos destacados de gobierno, incremento del analfabetismo, desmantelamiento de la sanidad pública, encarecimiento de los alimentos inasumible para la mayor parte de la población, que se acerca a una situación de hambruna estructural, creación de abismos entre ricos y pobres, aumento de la violencia… Descubrimos que dos de los pocos sectores económicos que han prosperado desde la concesión del préstamo son el de la construcción de ataúdes y el de los cuerpos de seguridad privados, con hombres y perros adiestrados para usar la violencia cuando convenga.

La actividad económica de la isla se ha hundido hasta prácticamente desaparecer. La importación masiva de leche en polvo producida por granjeros estadounidenses subvencionados hundió a la industria láctea local (vemos cómo se derrama en el suelo el contenido de grandes depósitos de leche). Las grandes compañías bananeras americanas -Chiquita, Dole, Del Monte-, que en otros países pagan sueldos miserables que pueden llegar al dólar diario a cambio de agotadoras jornadas de catorce horas, bloquean la exportación al continente de bananas jamaicanas, que terminan exportándose a Inglaterra a precios de saldo. La producción de hortalizas ha sido saboteada desde las élites, y las políticas de subsidios a los productos de la huerta norteamericana impiden que los agricultores locales puedan competir con sus precios bajos.

El empobrecimiento de la sociedad jamaicana ha llegado al extremo de que se han creado “zonas libres”, cerradas y protegidas con vallas eléctricas, en las que los sectores más desfavorecidos de la isla, sobre todo mujeres, trabajan en fábricas en condiciones infrahumanas y con sueldos irrisorios. Confeccionan ropa con material que ha llegado a la isla en barcos y que se cose y se exporta sin pagar impuestos en el país. Estas trabajadoras cobran 30 dólares a la semana por un trabajo embrutecedor y extenuante, y de estos 30 se les deducen impuestos en concepto de jubilaciones y educación que, por supuesto, no responden a ninguna prestación real. Como declara una trabajadora, a menudo vuelven a casa sin nada en el bolsillo, después de una jornada de trabajo agotadora. Los sindicatos están prohibidos, las extorsiones y las amenazas con armas son frecuentes. A veces, llegan barcos con trabajadores chinos que sustituyen a los locales… La perversión de la explotación de los desvalidos por los poderosos es ilimitada, no se detiene nunca. La pobreza de los barrios marginales de Kingston, la capital, y de otros lugares del país, es absoluta.

life & debt 2
Interior de fábrica en una “zona libre” jamaicana. Libre de cualquier responsabilidad de las compañías internacionales hacia las personas y el país.

La durísima realidad de Jamaica contrasta con las idiotizadas vacaciones lujosas de los turistas norteamericanos. Instalados en un hotel de lujo -que arroja al océano los excrementos de su alcantarillado, en una imagen emblemática de la actitud de los ricos del mundo-, se dedican a tomar el sol, a beber daiquiris, a participar en competiciones de consumo de cerveza, a pasearse en un jeep protegido entre los jamaicanos (tan pacíficos, tan conformes con su pobreza, tan sonrientes, dicen los turistas). La voz de Jamaica Kincaid, muy suave e irónica, untuosa en su imitación de un guía turístico que presenta el país a los turistas asombrados, va relatando el desastre humano en el que las instituciones financieras han sumido a la isla. Informa a los turistas de las cosas que no podrán ver, ya que en su circuito cerrado de package tour se evitan los detalles desagradables (“Cuando se sienten a comer su deliciosa comida, será mejor que ignoren que gran parte de lo que comerán ha sido transportado en barco desde Miami”…). La ironía y el tono de la narradora crean una distancia frente a los hechos que permite proseguir el visionado del documental, a pesar de la cantidad de injusticias y crueldades que se presentan. Es posible que cualquier espectador de posición más o menos bienestante termine viéndose reflejado y acusado en estos turistas sonrientes con michelines, camisas de palmeras y sombreros de paja.

Uno de los muchos aciertos del documental consiste en su contraposición de las declaraciones de un alto cargo del FMI -que se expresa en un lenguaje abstracto, técnico, aséptico, y que describe en términos muy favorables las medidas económicas impuestas por su institución y los otros agentes de la globalización- con la realidad de la vida de los jamaicanos, abocados a una pobreza y unas carencias extremas. Debería recordarse este contraste entre la mentira abstracta y la realidad concreta cada vez que se escuchen las declaraciones orgullosas de alguno de los agentes de la extorsión, la expoliación y el abuso sistemáticos.

life & debt 3
Un técnico del FMI epone las “medidas estructurales” que su institución aplica en Jamaica.

Ya hacia el final de la película, un agricultor jamaicano que produce para el autoconsumo y el intercambio, al margen de la economía oficial, insta a sus compatriotas a hacer lo mismo, a vivir con conciencia, a recuperar el orgullo. Es un consejo válido hoy en día para todos los trabajadores del mundo.

Stephanie Black nos ofrece un excelente documental, claro, bien estructurado, de denuncia, un contundente análisis de los efectos de la globalización en los países que deberíamos dejar de llamar pobres para calificarlos, propiamente, de empobrecidos.

FICHA

Dirección y producción: Stephanie Black
Guión y narración: Jamaica Kincaid
País: Estados Unidos
Idioma original: inglés
Duración: 80 minutos
Web: http://www.lifeanddebt.org/
Tráiler https://vimeo.com/57451643

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s